Dicen que ha muerto. Ese hombre anónimo al que esta mañana revolcó un coche. Ese hombre al que he sujetado la cabeza y que ha impregnado mis manos de su colonia. Ese hombre al que todavía huelo, quizá este ya muerto. La semana pasada fue mi abuela, una mujer difícil de cuya memoria me quedan tantos toques amargos como dulces, tantos sinsabores que hacen soso su recuerdo. La muerte, siempre la muerte acecha. Y mi blindaje sigue intacto, sin ninguna fisura, tan intacto que me asusta. Parezco impasible ante la muerte ajena, me blindo, subo la cremallera y me quedo impertérrito, pétreo, desalmado. A veces siento que tanto control no es bueno, que debería abrirme, dejar que la vida me hiera, sangrar por dentro y volver a sentir el calor y el frío intenso. Es curioso, pero la ficción me afecta a veces mas que la realidad, como si pudiera escoger cobardemente lo que me toque y lo que no, como si supiera que ante la ficción puedo abrirme, porque siempre será eso, ficción, pero frente a la realidad, prefiero imponerme, prefiero actuar desde la lejanía, subido a la atalaya del autocontrol aprieto los dientes, actúo y permanezco impenetrable, impermeable.. como si yo fuera el muerto.
Y lo peor de todo, lo que más me asusta no es el hecho en si de tener un blindaje o no, si no el hecho de controlar en cada momento todo, como si mis sentimientos estuvieran demasiado domados por mi razón, como si hubiera llegado a un punto en el que el análisis y la toma de decisiones, superaran al impulso, al latido, al corazón. Como si mi cabeza fuera tan dueña de mi alma, que la hubiera anulado, como si en cada momento pudiera a voluntad, sentir o no… Soy una persona empática, de la felicidad de los demás extraigo las ganas para seguir adelante, me ilusiono con sus ilusiones, me preocupo con sus preocupaciones, lloro con sus lagrimas y río con sus bocas, pero y mi vida.. ¿Quién la vive?, ¿esta razón pura?, ¿este análisis continuo?, ¿esta balanza ciega?. Cuando decido sentir, siento, cuando decido omitir, omito, cuando decido ser de una forma, lo soy… me lleno de la vida de los demás y bloqueo lo que me daña. Mi blindaje funciona a modo de membrana semipermeable, realizo una osmosis de sentimientos, dejando pasar solo aquellos que me interesan y bloqueando los que no. Y el caso es que eso me hace feliz, mas feliz creo, de lo que fui nunca. Cuanto menos tengo, porque más he perdido, más pleno me siento.. como si ya nada me pudiera faltar, pues ya me falta.. y en la aceptación de ese vacío, me siento más pleno, que cuando intente llenarme de todo, cuando intente abrir las puertas a la corriente..
Hoy me basta con el hoy, para querer llegar al mañana, y cada cosa que pierdo, me hace sentirme más ligero para seguir subiendo, aunque a veces tengo ganas de lastrarme con un poco de vida, y no tener tanta prisa en mi ascenso. Quizá no es control ni superación, quizá es solo miedo, miedo a abrir las puertas de nuevo..